Galina está segura de que Anna se irá sin nada mientras Artyom comienza una nueva vida. Pero Anna consulta a un abogado y descubre algo sobre los bienes adquiridos durante el matrimonio que la familia no había previsto.

La reunión familiar había comenzado como tantas otras.

Todos estaban sentados alrededor de una gran mesa, conversando y brindando, cuando Galina se levantó de repente.

Tenía una expresión extrañamente satisfecha.

— Tengo algo importante que contarles.

Las conversaciones se detuvieron.

Anna miró a su suegra.

Artyom, su marido, permaneció sentado sin decir nada.

Galina sonrió.

— Artyom se separará de Anna y se casará con la hija de su director.

Durante unos segundos nadie reaccionó.

Una de las tías dejó lentamente su vaso sobre la mesa.

Anna miró a su marido.

— ¿Es verdad?

Artyom evitó sus ojos.

Ese silencio fue suficiente.

Galina continuó:

— Es lo mejor para todos. Esa nueva relación puede abrirle muchas puertas a mi hijo.

Anna no respondió.

Galina pareció interpretar su silencio como debilidad.

— Y para que quede claro desde ahora: Anna no recibirá nada.

Algunos familiares intercambiaron miradas incómodas.

— El apartamento pertenece a nuestra familia — añadió Galina con seguridad—. Que recoja sus cosas y se vaya.

Todos miraron a Anna.

Esperaban lágrimas.

Una discusión.

Quizá que le suplicara a Artyom una explicación.

Pero Anna permaneció completamente tranquila.

— ¿Eso es todo? — preguntó.

Galina pareció sorprendida.

— ¿Qué más quieres escuchar?

Anna miró a Artyom.

— Quiero escucharlo de él.

Artyom respiró profundamente.

— Anna, creo que deberíamos separarnos.

— ¿Y también crees que debo irme del apartamento sin nada?

Artyom dudó.

Galina respondió por él:

— Ese apartamento siempre ha sido de nuestra familia.

Anna asintió lentamente.

— Entiendo.

Se levantó de la mesa.

Galina sonrió satisfecha.

— Me alegra que al menos no vayas a montar un escándalo.

Anna tomó su bolso.

— No tengo ninguna intención de hacerlo.

— Entonces empieza a preparar tus cosas.

Anna la miró directamente.

— Primero voy a comprobar algunas cosas.

Y salió de la habitación.

A la mañana siguiente estaba sentada frente a un abogado.

Había llevado todos los documentos que había podido encontrar: contratos, recibos, extractos bancarios y papeles relacionados con el apartamento.

El abogado comenzó a revisarlos.

Pasaron varios minutos.

Anna observaba su expresión.

Finalmente él levantó la mirada.

— Su suegra le dijo que usted no tenía ningún derecho sobre los bienes adquiridos durante el matrimonio, ¿correcto?

— Sí.

— La situación no es tan simple.

Abrió una carpeta.

— Hay bienes y pagos realizados durante el matrimonio que deben analizarse correctamente. Además, aquí aparecen aportaciones económicas que usted realizó personalmente.

Anna se inclinó hacia delante.

— ¿Eso qué significa?

— Significa que nadie debería decirle que recoja sus cosas antes de revisar toda la documentación y determinar jurídicamente qué corresponde a cada parte.

Por primera vez desde la reunión familiar, Anna sonrió.

El abogado colocó varios documentos delante de ella.

— Estos son solo los primeros.

Anna comenzó a leer.

Había transferencias que reconocía.

Pagos hechos desde su cuenta.

Gastos importantes que ella había cubierto durante años.

También aparecían otros bienes adquiridos durante el matrimonio de los que Galina no había mencionado una sola palabra.

— ¿Artyom sabe todo esto? — preguntó Anna.

— Debería saberlo.

Anna cerró lentamente la carpeta.

— Entonces ahora veremos quién tendrá que irse de verdad.

Dos días después, Galina volvió al apartamento.

Entró convencida de que encontraría las maletas de Anna preparadas.

Pero no había ninguna.

Anna estaba sentada tranquilamente en el salón.

Sobre la mesa había una carpeta.

Galina frunció el ceño.

— ¿Todavía no has recogido tus cosas?

— No.

— ¿No entendiste lo que te dije?

Anna señaló una silla.

— Siéntese.

— No tengo nada que hablar contigo.

— Entonces puede escuchar de pie.

Artyom entró detrás de su madre.

Al ver la carpeta, se detuvo.

— ¿Qué es eso?

Anna la abrió.

— Documentos.

Galina soltó una pequeña risa.

— ¿Y qué pretendes demostrar?

Anna sacó el primer papel.

— Que durante nuestro matrimonio se hicieron pagos importantes con dinero que salió de mi cuenta.

Luego colocó otro documento encima.

— Que existen bienes adquiridos durante el matrimonio que convenientemente nadie mencionó durante aquella cena.

Artyom cambió de expresión.

Galina miró a su hijo.

— ¿De qué está hablando?

Anna observó inmediatamente aquella reacción.

— ¿No se lo contaste a tu madre?

— Anna…

— Ella estaba tan segura de que yo saldría de aquí con una maleta. Pensé que al menos conocía toda la situación.

Galina tomó uno de los documentos.

— Artyom, explícame esto.

Él no respondió.

Anna continuó:

— Durante años contribuí económicamente a esta familia. Pero el día que decidieron reemplazarme, de repente todos olvidaron de dónde había salido parte del dinero.

Galina dejó los papeles sobre la mesa.

— Eso no cambia que Artyom quiera divorciarse.

— Tiene derecho a quererlo.

Anna cerró la carpeta.

— Lo que no puede hacer es decidir él solo qué me corresponde.

Artyom finalmente habló:

— ¿Qué quieres?

Anna lo miró sorprendida.

— Nada que no me corresponda.

— Podemos llegar a un acuerdo.

— Eso es exactamente lo que hará mi abogado.

El rostro de Galina cambió.

— ¿Ya tienes abogado?

— Desde el día siguiente a nuestra reunión familiar.

La habitación quedó en silencio.

Galina miró a su hijo.

Ya no parecía tan segura como aquella noche.

— Me dijiste que todo estaba solucionado.

Artyom apretó la mandíbula.

— Pensé que sí.

Anna se levantó.

— Ese fue vuestro error.

Tomó la carpeta.

— Decidieron mi futuro antes de comprobar si realmente podían decidirlo.

Durante las semanas siguientes comenzó la revisión formal de todos los documentos.

Y aparecieron más detalles.

Pagos.

Aportaciones.

Bienes.

Decisiones económicas tomadas durante años de matrimonio.

Anna no intentó vengarse.

Tampoco quería quedarse con algo que no le correspondiera.

Solo se negó a marcharse con las manos vacías porque Galina había decidido públicamente que así debía ser.

Cuando volvió a encontrarse con Artyom, él parecía muy diferente.

— Mi madre no debería haber hecho aquel anuncio delante de todos — admitió.

Anna lo miró.

— El problema no fue solo el anuncio.

— Lo sé.

— El problema fue que los dos estaban convencidos de que podían decidir qué pasaría conmigo sin preguntarme nada.

Artyom bajó la mirada.

Anna sostuvo la carpeta que había cambiado toda la situación.

Todo había empezado cuando Galina anunció orgullosamente delante de la familia:

«Artyom se separará de Anna y se casará con la hija de su director.»

Después había añadido:

«Anna no recibirá nada. Que recoja sus cosas y se vaya.»

Anna no lloró.

No discutió.

Simplemente buscó asesoramiento y revisó los documentos.

Y cuando el abogado puso delante de ella los primeros papeles relacionados con los bienes adquiridos durante el matrimonio, Anna comprendió que Galina había cometido un error enorme:

había decidido quién debía marcharse antes de descubrir quién tenía realmente derechos sobre qué.

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