Galina está convencida de que, después del divorcio, Anna perderá el apartamento y tendrá que marcharse. Pero mientras celebra su supuesta victoria, Anna ya está revisando todos los bienes del matrimonio.

— Artyom se divorcia de Anna y va a casarse con la hija de su directora.

Galina lo anunció delante de toda la familia con una sonrisa satisfecha.

Después añadió:

— Anna no recibirá nada. El apartamento pertenece a nuestra familia. Que recoja sus cosas y se vaya.

Los familiares se miraron sorprendidos.

Pero Galina ignoraba algo importante: Anna ya conocía el plan.

Días antes había escuchado una conversación entre Artyom y su madre. En lugar de enfrentarlos inmediatamente, pidió una cita con un abogado.

Sobre la mesa aparecieron documentos del apartamento, cuentas, inversiones y otros bienes relacionados con los años de matrimonio.

El abogado le entregó la primera carpeta.

— No debemos sacar conclusiones antes de revisar los títulos, las fechas y el régimen patrimonial aplicable.

Anna abrió el expediente y observó varias firmas.

Sonrió.

— Ahora veremos quién tendrá que irse realmente.

La documentación mostraba que la situación no era tan sencilla como Galina aseguraba.

Había bienes adquiridos durante el matrimonio, aportaciones que debían comprobarse y documentos que podían ser relevantes para determinar los derechos de cada uno.

Cuando Artyom comunicó finalmente que quería separarse, Galina apareció convencida de que todo estaba decidido.

— Anna, ya sabes lo que tienes que hacer. Prepara tus cosas.

Anna colocó una carpeta sobre la mesa.

— No. Primero se determinará legalmente qué pertenece a cada uno.

Artyom comenzó a revisar las páginas.

Su expresión cambió.

— ¿Desde cuándo tienes esto?

— Desde que entendí que estabais tomando decisiones sobre mi futuro sin hablar conmigo.

Galina insistió:

— ¡Pero este apartamento es de nuestra familia!

El abogado de Anna había sido claro: esa afirmación por sí sola no determinaba la propiedad ni quién podía permanecer allí. Había que revisar los títulos y las circunstancias jurídicas correspondientes.

Anna no pretendía quedarse con lo que no le pertenecía.

Solo quería impedir que Galina decidiera por todos antes de que los documentos fueran examinados.

Por primera vez, la suegra dejó de hablar.

Galina había anunciado quién tendría que abandonar la casa antes incluso de comprobar quién tenía realmente derechos sobre ella.

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