Una joven vestida con sencillez entra en una joyería de lujo y es juzgada de inmediato. Pero el dueño reconoce el medallón que lleva al cuello y descubre una conexión con un secreto de hace décadas.

— Por favor, no toque ese collar.

La joven retiró inmediatamente la mano de la vitrina.

— Solo estaba mirando —respondió Elena.

La vendedora la observó con desconfianza.

— Es una pieza muy valiosa.

Elena retrocedió sin discutir.

En ese instante se abrió la puerta de la oficina.

El propietario de la joyería, Ricardo Mendoza, salió con unos documentos en la mano.

Estaba a punto de hablar cuando vio el pequeño medallón que Elena llevaba al cuello.

Se quedó paralizado.

— Eso… no puede ser…

Elena lo miró confundida.

— ¿Qué ocurre?

Ricardo se acercó lentamente.

— ¿De dónde has sacado ese medallón?

Elena lo sujetó entre los dedos.

— Era de mi madre. Lo he tenido desde que era niña.

Ricardo palideció.

Regresó rápidamente a su oficina y abrió un viejo cajón cerrado con llave.

Sacó una fotografía amarillenta.

En ella aparecía una joven llevando exactamente el mismo medallón.

Elena contuvo la respiración.

— Esa mujer… es mi madre.

Ricardo asintió.

— Isabel Herrera. La conocí hace muchos años.

Elena dio un paso hacia él.

— ¿Cómo conocía a mi madre?

Ricardo giró la fotografía.

En la parte posterior había una frase escrita por su propio padre:

«Si algún día aparece su hija llevando este medallón, entrégale el sobre.»

Ricardo abrió otro compartimento del cajón y sacó una vieja carta sellada con el nombre de Isabel.

— Mi padre me hizo prometer que nunca la abriría.

— ¿Entonces por qué la guardó durante tantos años?

Ricardo la miró seriamente.

— Porque estaba esperando que llegaras tú.

La vendedora permanecía completamente en silencio.

Elena ya ni siquiera miraba el costoso collar de la vitrina.

Tomó la carta, pero antes de abrirla preguntó:

— ¿Qué sabía su padre sobre mi madre?

Ricardo respiró profundamente.

— Algo que tu madre quiso mantener en secreto hasta que estuvieras preparada para conocerlo.

Elena había entrado en aquella joyería simplemente para mirar un collar. Ahora sostenía entre sus manos una carta que podía cambiar todo lo que creía saber sobre su propia familia.

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