Su madre pensó que era simplemente basura arrastrada por el mar. Pero un hombre vio el objeto en las manos de la niña y sacó una antigua fotografía que cambió todo.

La niña jugaba cerca de la orilla cuando vio algo sobresaliendo de la arena.

— Mamá, mira.

Lo desenterró cuidadosamente.

Era una pequeña caja metálica envejecida, con un extraño símbolo grabado en la tapa.

Su madre apenas la miró.

— Tíralo, cariño. Seguramente es basura.

La niña estaba a punto de dejarla cuando escucharon una voz detrás de ellas.

— Esperen.

Un hombre de unos sesenta años se había detenido a pocos metros.

Miraba fijamente la caja.

Se acercó lentamente.

— ¿Dónde encontraron esto?

— Aquí mismo —respondió la madre—. Estaba enterrado en la arena.

Las manos del desconocido comenzaron a temblar.

Sacó su cartera y extrajo una fotografía antigua.

En ella aparecían dos jóvenes sentados en aquella misma playa.

Uno era él.

Y la mujer que estaba a su lado sostenía exactamente la misma caja.

— ¿Qué significa esto? —preguntó la madre.

El hombre permaneció unos segundos en silencio.

— Se la regalé a mi hermana hace más de treinta años.

Explicó que, siendo jóvenes, ambos habían escondido dentro de aquella caja cartas y fotografías familiares. Poco después, su hermana se marchó de España y con los años perdieron el contacto.

Él siempre había pensado que se había llevado la caja.

La madre observó el objeto.

— ¿Está seguro de que es la misma?

El hombre señaló una pequeña marca junto al cierre.

— La hice yo accidentalmente el día que se la regalé.

No intentaron forzar la caja. El metal estaba deteriorado y podía dañar lo que hubiera dentro.

La niña se la entregó al hombre.

Pero él negó con la cabeza.

— Tú la encontraste. La abriremos correctamente y juntos.

Días después, con ayuda para conservar su contenido, descubrieron varias fotografías y una carta protegida dentro de una bolsa deteriorada.

La carta estaba dirigida a él.

Su hermana explicaba por qué se había marchado y dejaba una dirección de aquella época que podía servir como primera pista para reconstruir lo ocurrido.

El hombre miró emocionado a la niña.

Durante más de treinta años había pensado que su hermana se había marchado sin despedirse.

Y todo ese tiempo, su despedida había permanecido enterrada bajo la arena de la playa donde habían sido felices juntos.

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