La habitación parecía completamente normal cuando Elena entró con su carrito de limpieza.
Fue directamente al baño.
Entonces se detuvo.
En el espejo había una frase escrita con letras grandes:
«No abras el armario.»
Elena sintió un escalofrío.
La habitación debía estar vacía.
Miró hacia la puerta, pero no escuchó nada.
Después observó lentamente el armario.
Sabía que lo correcto era salir y avisar a seguridad. Sin embargo, antes de hacerlo, se acercó unos pasos y abrió con cuidado una de las puertas.
Dentro había una maleta abierta.
Y encima, una fotografía.
Elena la reconoció inmediatamente.
Era ella.
La imagen había sido tomada frente al mismo hotel unos días antes.
Elena retrocedió y salió de la habitación sin tocar nada más. Cerró la puerta y avisó al responsable del hotel y a seguridad.
Poco después comprobaron el registro de la habitación.
Había sido reservada bajo un nombre que Elena no reconocía.
Pero al revisar la situación, apareció un detalle inesperado.
Dentro de la maleta no había objetos peligrosos.
Había fotografías antiguas, cartas y documentos relacionados con la madre de Elena, fallecida años atrás.
Entre ellos encontraron una nota dirigida específicamente a ella.
La persona que había alquilado la habitación resultó ser un antiguo conocido de su madre que llevaba meses intentando localizarla.
— Entonces, ¿por qué escribir “No abras el armario”? —preguntó Elena.
La respuesta llegó cuando encontraron otra nota.
La advertencia no estaba dirigida a Elena.
Alguien había entrado en la habitación después de que la maleta fuera colocada allí y había intentado impedir que fuese descubierta.
El hotel conservó los elementos pertinentes et alerta les autorités compétentes afin que les circonstances puissent être vérifiées.
Elena miró nuevamente su fotografía.
Había entrado creyendo que limpiaría una habitación cualquiera.
Pero alguien sabía que ese día sería ella quien ouvrirait la porte — et quelqu’un d’autre semblait vouloir l’empêcher de découvrir ce que sa mère avait laissé derrière elle.