— Ya tienes treinta y ocho años. Si Serguéi se va, ¿quién te va a necesitar?
La suegra sonrió mientras levantaba su taza.
Serguéi permaneció callado.
Irina abrió tranquilamente su bolso y sacó varias páginas impresas.
Las dejó sobre la mesa.
— ¿Qué es eso? —preguntó Serguéi.
— Tus conversaciones.
Su rostro cambió inmediatamente.
Durante meses, Serguéi había estado comunicándose en secreto con otra mujer. Algunos mensajes podían parecer inocentes por separado, pero juntos mostraban una relación que había ocultado deliberadamente.
Irina miró a su suegra.
— Y usted lo sabía.
La mujer apartó la mirada.
— No quería meterme en vuestro matrimonio.
Irina sonrió con tristeza.
— Curioso. Hace un minuto sí quería decidir quién podría necesitarme después de su hijo.
Serguéi intentó tomar los papeles.
— Podemos hablar de esto en casa.
— Llevamos meses “hablando en casa”. Hoy quiero terminar de escuchar excusas.
La suegra volvió a intervenir:
— ¿Y qué vas a hacer sola? Serguéi paga prácticamente todo.
Esta vez Irina sonrió.
— Si les preocupa cómo viviré sin él, el mes pasado mi negocio movió una cantidad de dinero que ustedes ni siquiera imaginan.
Serguéi la miró confundido.
— ¿Qué negocio?
— El mismo que construí durante años, mientras ustedes estaban seguros de que yo no podía hacer nada sin ustedes.
Irina había comenzado con pequeños trabajos desde casa. Con el tiempo había creado una empresa online, contratado colaboradores y reinvertido casi todo lo que ganaba.
Nunca presumió de ello.
Serguéi simplemente había dejado de preguntar.
— ¿Por qué me ocultaste esto? —preguntó él.
— No te lo oculté. Dejaste de interesarte por lo que hacía.
El silencio volvió a la mesa.
Irina se levantó.
Serguéi comprendió entonces que aquellos mensajes no eran algo que ella acabara de descubrir esa mañana.
— ¿Desde cuándo lo sabes?
— Desde hace semanas.
— ¿Y qué vas a hacer?
Irina tomó su bolso.
— Ya he tomado mi decisión. Ahora quiero que todo se resuelva con calma y correctamente.
Su suegra murmuró:
— Vas a arrepentirte.
Irina se volvió hacia ella.
— Tal vez. Pero será mi decisión.
Y salió del restaurante.
Serguéi permaneció mirando aquellas páginas.
Por primera vez entendió que Irina no estaba intentando asustarlo para que cambiara.
Mientras él construía en secreto una vida en la que quizá ella ya no estaba, Irina había descubierto que también podía construir una vida en la que ya no necesitaba depender de él.